SIMPLEMENTE, GRACIAS


El pasado 17 de Agosto, despues de una larga enfermedad, nos dejo  D. Cayetano Utrera Ravassa. Muchos han sido los meritos y reconocimientos a lo largo de su vida, y tambien en su adios, en los medios locales y nacionales
Hace unos dias me entere que su hermano Ramon habia escrito una carta de agradecimiento a todas las personas que habian estado mas cerca  en esta ultima etapa y le pedi permiso para publicarla por su carga emotiva y de sinceridad que en ella hay.
D.E.P Cayetano.



SIMPLEMENTE, GRACIAS. 
Muchas gracias a todos. Estoy seguro que mis sobrinas Adeli, Fátima y Cayetana escribirán en las redes sociales el sentimiento de gratitud a tantos y tantos envíos de pésame recibidos, (más de dos mil, me confesó Adeli la otra noche), pero yo quiero hacerlo aquí. Por lo que hicisteis durante la larga enfermedad de mi hermano Cayetano. No quiero olvidar a nadie, y por ello, pido perdón si ello ocurriera.
En primer lugar, a Ángeles, que haciendo honor a su nombre, acompañó, ayudó, cuidó y mimó hasta el final a su tío y padrino. Quizás hubiera alguien con más nombre, pero desde luego, nadie con más cariño y devoción que ella. La siguiente generación tiene garantizada la profesionalidad y el buen hacer.
A Jesús, congregante y enfermero, profesional de primera, que con cariño y dedicación, formó un equipo de primera para hacer los sucesivos turnos. A todos ellos, (Borja, Ricardo, Fernando…), mi gratitud por su buen hacer y por el respeto y dedicación demostrados. Pero Jesús, es especial. Congregante. Y ya está.
Ha habido una chiquilla ucraniana que ha hecho los turnos de noche, de “chapeau”. Shirlana, (no sé cómo se escribe, pero eso es lo de menos). Prudencia, sencillez, dulzura y una sensibilidad rayana en el heroísmo, han hecho que los últimos días de su vida, hayan transcurrido con templanza, tranquilidad y buenos cuidados. Gracias, guapísima. Qué Dios te lo premie.
Y gracias, de corazón, al doctor Antonio López Trigo, pendiente en cada momento de la evolución de la enfermedad para aplicarle la medicación oportuna. Hasta el final. Gracias, doctor.
Hasta aquí, el equipo profesional que acompañó a Cayetano en su enfermedad.
Mi hermano falleció tranquilo, rodeado de su gente, la gente que él quería allí, consciente y tranquilo. Dándonos la mano a cada uno, despidiéndose, y sereno. Sin molestar. Ejemplar, como toda su vida fue. Y envidiable. Pero no fue más que la cosecha de lo que había, en vida, sembrado.
Para mí, y seguro que para el resto de la familia, hubo alguien que merece una mención especial, por su actitud antes de la enfermedad, durante y sobre todo, al final de la misma. Alguien que jugó todo a una carta, y que le dio compañía, felicidad y comprensión en los tres últimos años: María Angustias. Discreta, cariñosa, supo reverdecer el otoño sentimental de Cayetano aportándole ganas de disfrutar, serena compañía y renacer de las ilusiones de futuro. Ha durado poco, desgraciadamente, pero estos años de dedicación, merece la más profunda gratitud y el cariño de todos.
Y a partir de ahí, las gracias a Málaga. A esa Málaga a la que tanto quiso y que tanto representó para él. Al Ayuntamiento Pleno de gala, presidido por su alcalde, “a pie de escaleras”, recibiendo el féretro y acomodándolo en el Salón de los Espejos, con una categoría y elegancia como nuestros hombres y mujeres de bien saben hacerlo. “Es lo menos que se merecía”, me dijo alguien. Bien, pero se hizo, y con un cariño y respeto que nos reconfortó en lo más profundo. Detalle insuperable la representación continua de los concejales que por turno nos hicieron compañía hasta la noche. Y digno de agradecer de forma personal la dedicación y las atenciones recibidas por todos, especialmente al responsable de protocolo, mi buen amigo y gran maestro, Rafael Illa.
A todas las instituciones allí presentes o representadas: Excma. Diputación; Subdelegación de Gobierno, Delegación de la Junta, Audiencia Provincial, Colegios de Registradores, de Notarios y de Abogados; Alcaldes y concejales de varias corporaciones; Comandancia Naval y Base Aérea; La Legión, en varios de sus componentes, 4º Tercio, compañeros legionarios, Hermandad de Veteranos y Antiguos Caballeros Legionarios; milicios de UNAMU, cofradías varias, Málaga C.F., … y el pueblo llano de Málaga, que se asomaba tímido por la puerta del salón, y que discretamente, en número elevadísimo, se acercaba, musitando una oración, que desde lo más profundo de mi ser agradecía de corazón.
A la parroquia de Santo Domingo, y en especial a mi Congregación de Mena, que organizó y participó en la misa de córpore insepulto de forma masiva, y que preparó la Capilla para su velatorio de forma magistral. Simplemente, gracias.
http://inciensoyvaral.blogspot.com.es/2012/08/fallece-cayetano-utrera.html
Y a todos los remitentes de mensajes de condolencia. 
A todos los que nos han llamado y escrito. A todos los que en la calle nos han parado y de forma sincera, que eso se nota, nos han dado el pésame. A los periodistas de los medios locales y nacionales, que habéis reflejado en vuestros periódicos y emisoras lo más bonito de vuestros sentimientos. A la empresa de la plaza de toros, que guardó un minuto de silencio en la corrida del día 17. Al Málaga C.F. (gracias Paco Martín Aguilar por el detallazo de los prolegómenos del partido contra el Mallorca: “Siempre con nosotros…”).
Y sobre todo, gracias a Ti, Señor de la Buena Muerte, que nos has permitido disfrutar de la compañía de mi hermano, modelo de hermano, que siempre unió, protegió y acompañó a todos nosotros, desde la más tierna niñez en que falleció nuestra madre, hasta los últimos días de su vida, ejemplo de cristiano y hombre de bien.
Cayetano, ya que disfrutas de la presencia de nuestro Cristo de la Buena Muerte, seguramente arrullado por las miradas acogedoras de nuestra Madre de la Soledad, busca un resquicio, y de la mano de Adela, de nuestra parte, dile a nuestros padres que has cumplido con creces tus labores de hermano mayor. 
Qué gracias a ti, recordamos cosas de mamá que no nos dio tiempo a conocer, y que por ello, y seguramente por tu ejemplo, seguimos unidos, más fuertes que nunca, esperando que un día podamos reunirnos todos.

Gracias, hermano. 
Y gracias, de nuevo, a todos.